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Ayer pensaba en cuándo me llegarÃa la tarjeta para poder usar el nuevo transporte público de Barcelona basado en bicicletas. Unos 10 dÃas pone en la web que se tarda en recibir la tarjeta pero sólo habÃan pasado 7 dÃas y al dÃa siguiente me iba a hacer falta.
¡Sorpresa!, en el correo de hoy venÃa la carta con la tarjeta y el pack de bienvenida consistente en una mÃsera misiva con el saludo del alcalde y las normas de uso del invento. Esperaba otra cosa, pero es lo que hay.
Esta tarde tenÃa previsto salir a hacer un recado, ese en el que explicaba en una edición anterior que serÃa el “viaje largo” previsto y que me ahorrarÃa un viaje de bus/metro, pero justo cuando querÃa salir empezaron a caer unas gotas de lluvia. Cordills!, nada me iba a impedir estrenar el invento, asà que me hice con un paraguas enano y salà a la parada de enfrente de casa.
Una única bici. Mal vamos. Acerco la tarjeta al lector y me indica las 3 paradas más cercanas. Me decido por la que supuestamente está a una manzana de ésta, según el mapa de estaciones. Ya nada, acabo de ver que lo han subsanado en el mapa e indican las dos paradas cercanas a casa donde toca (más o menos). Bueno, la parada queda leeeeeeejos a unas tres manzanas de casa. Paciencia.
A todas estas la lluvia habÃa empezado a arrancar con fuerza. Llego a la parada, más lejos de lo esperado, y acerco la tarjeta al lector. El señorito plega su paraguas, desbloquea una bici y se sube a ella. La altura del asiento está perfectamente regulada. Mejor.
Como no hay tráfico tiro la calle de la parada para abajo, la mar de tranquilo. La bici empieza a coger mucha velocidad rápidamente. Decido apretar el freno trasero y cordills! me patina la rueda trasera por la lluvia, cruzándoseme la bici y haciendo hasta el ruido clásico de frenazo. Me estoy temiendo lo peor, ¡ME VOY A ESTAMPAR!.
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