Replicando ando...
Qué bonita la historia del cumpany.
Para que luego digan que no tiene corazón. :p
...
La foto que mencionaba ayer... será para mañana... estoy muy cansado hoy...
Pero si que explicaré que anoche, acabé en el Port Olímpic de Barcelona.
Cuanto ha cambiado... añoro su época dorada, a mediados de los 90. Cuando había mucha más mujer guapa que ahora. Y mucha menos gente con malas pintas.
Tremendo, demasiados tios, malas pintas y guiris. En esos tiempos corría mucha más gente de aquí. Era más agradable, más desenfadado y con mucha más fiesta que ahora.
Los actuales locales, ocupan 3 o 4 módulos de los de antes. Incluso cobran entrada!!! (20 €!!!). Era mucho mejor y había más variedad antes, cuando cada módulo era un local diferente. Y cada uno de ellos tenía su propia música y luchaban con los locales colindantes en ver quien la ponía más fuerte. XDDDD
Resumiendo, ha bajado la calidad de la fiesta, el ambiente y ha subido la sensación de inseguridad. Pero qué pintas se veian!!! :O
Fins... aviat!!!
E-namorarte (33 y 34).
Sin comentarios. :p
Episodio 33: Almu enamoradísima.
Episodio 34: Conspiración.
Nanit.
Escoltant...
La terremoto de Alcorcón - Thriller
Dilluns, 1 de maig de 2006. 23:15 h
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Princep
Salut!
Estoy escribiendo la historia de hoy (a la par que trabajo), pero he decidido cambiar la forma de explicarla.
Acabará pareciendo más un ameno cuento, para explicar a grandes y a menudos, que no un suceso.
Para que os hagáis a la idea del poder de las palabritas, el borrador del escrito comenzaba así: "Esta mañana he sigo testigo del piñazo que se ha metido un negro pajarraco de amarillo pico contra un cristal. ¡Impresionante!."
Le he añadido un toque más humano al personaje del señorito, una frase de diez palabras, quizá innecesaria, (tan innecesaria que en la lectura final ha desaparecido) en beneficio del relato.
¡Disfrutadlo!.
Mis relatos
Vuela, amigo, vuela
Dos negros pajaritos de amarillo pico vuelan felices de un lado a otro, de un frondoso árbol a un verde jardín, picoteando el suelo en busca de alimento.
En un breve instante, en uno de los cientos, o miles, de cortos viajes diarios que hacen por el aire, los dos pájaros, siempre acompañados uno del otro, vuelan felices e inconscientes de lo que el destino les espera.
Un chico, a cierta distancia, observa con deleite el quehacer de tan singulares y bellos ejemplares.
¡POM!, -un estruendo sobrecogedor es escuchado por doquier-.
Uno de los animalillos ha chocado contra uno de los cristales cayendo inmediatamente al suelo. La cabeza torcida y una incontrolada agitación de las alas, como si se tratara de repetidas convulsiones, le acompañan en su errática caída.
Al otro lado del vidrio, a casi siete metros de distancia en línea recta, el chico ha sigo testigo del suceso.
El jovencito se aproxima un par de pares de metros, cristal por medio, observando como el fiel compañero de sexo indefinido se quedaba a su costado, cual hidalgo y caballero, cual esposa y esposo, cual pajarito y pajarito.
El joven decide salir al exterior junto al ser vivo, que allí se hallaba inmerso en su miseria, en una posición de difícil explicación. El chico se acerca con cautela. El animal no se mueve ni un milímetro.
Al igual que vagabundos gatos y saltarinas ardillas, estos pajarillos son como de la familia, como todos los animales que pueblan las cercanías, a excepción de las odiosas y cagonas urracas, -pensaba el señorito a la par que se empezaba a enternecer-. Estaba decidido, tenía que hacer algo.
Después de meditarlo unos instantes, preocupado al igual que el compañero del pajarito, el joven se aproxima al, cada vez más, moribundo animal.
Estando a su altura, habiéndose ganado mínimamente la confianza de los dos alados, el humano decide agacharse intentando sostener entre sus manos al atolondrado ser, sin preocuparse de gérmenes o enfermedades.
El animal da cuatro o cinco pasitos, huyendo despavorido, eso sí, dejando tras de sí un marrano regalito.
Con todo el miedo que pueda sentir un animal no más grande que una mano, el pajarraco se ha cagado de miedo, y nunca mejor dicho.
En un segundo intento por parte del señorito, el bichillo, extenuado por semejante esfuerzo, se deja agarrar por las dos manos que se le aproximan.
Los dos se miran a los ojos, quedando unidos en uno, pájaro y persona, persona y pájaro.
El jovencito transmite bondad en su mirada y en sus actos. El pajarito se muestra agradecido, viendo cómo se le está proporcionando un agradable calorcito, primordial para su soporte vital.
El preocupado compañero, desde una segura distancia, los escruta con la mirada.
Pasados unos segundos, caricia tras caricia, es la hora de la despedida.
Vuela, amigo, vuela -le susurra el chico al pajarito- y, en un acto de fe y confianza, el animalillo agita sus alas, presto a reunirse con su fiel compañero.
El señorito vuelve a sus obligaciones sin poder impedir que una sonrisa se asome en su rostro.
El temps
18.5º (24.3º) 87% (56%) 11km/h 17º
Vuelta al calor en casa
Escoltant:
Princessa - Vivo
Dilluns, 1 de maig de 2006 22:08 639
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