|
|
Princep
|
La Implantación Subsectaria 283.
Un corazoncito se estremece
Advertencia: Si eres sensible o te emocionas con facilidad, por favor, no sigas leyendo.
Hace unos días o unas semanas, fui avisado de que en la parte posterior de mi jardín
tenía "viviendo", detrás de una palmera rinconera, resguardado del frío y la lluvia, un gato.
Por las noches, en ocasiones, oía peleas de mininos, cosa habitual entre gatos callejeros
peleando a saber por qué razón.
Hará pocos días, el gato, que era gata, se medio instaló en ese lugar y acabó dando a luz.
El número de gatitos que parió, lo desconozco, ya que, por desgracia hay mucho depredador por esta
zona, como las malditas hurracas, sumado a lo complicado de vivir en la calle y sin alimento, sin contar
el posible canibalismo gatuno materno, paterno o externo, nos da que queda un gatito precioso, negro con algo de blanco.
Desde un principio no he querido saber nada, ni quería ver a los gatos, ni a cualquier
otro animal que pulule libremente por el vecindario, ardillas incluidas, ya que me dan mucha
penita los animalitos, hasta el día de hoy.
El gatito pequeñito, que sólo había visto en una ocasión paseando por la terraza, no
como a su madre que se pasea a sus anchas por todas partes, ha aparecido en mitad de ninguna parte,
quietecito, sin huir al acercarte, tiritando, saliéndole burbujitas de moquitos por la naricita,
con los ojitos muy pegados por legañas, muy débil, mucho más flaquito de lo que lo recordaba
haber visto hace una semana... pobrecito, lloro como un madaleno mientras escribo esto.
Le he llevado algo de leche, pero no se movía casi, le cuesta respirar, es demasiado pequeñito
como para valerse por sus propios medios, es entonces cuando me he fijado en lo que describía
antes, el paupérrimo estado en el que se encuentra.
He entrado en casa, cogido una gasa, mojado en agua tibia, y me he dirigido al lugar
donde estaba el gatito. Lo he acariciado, a ver si se le pasaba el tembleque y con paciencia
he intentado retirarle las legañas de sus ojitos, con poco éxito la verdad, recibiendo algún
arañazo que otro.
Lo he llevado a su "casa" detrás de la palmera, junto a un cuenco lleno de leche
volviendo a intentar retirarle, en la medida de los posible, esas legañas que parecen
laceraciones sin exagerar ni un ápice, mientras, me planteo en si hacer más por él y llevarlo
a un veterinario haciéndome cargo de él o no.
Mañana más, por hoy escribí suficiente y tampoco estoy como para seguir aquí.
Dimarts, 10 de maig de 2005. 11:20h - 16º
| |
|