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Princep
Se me pasó la continuidad, bueno, pasárseme, lo que se dice pasárseme, no exactamente (VAGAZO!!!),
de las cocas y alguna otra cosa que había dicho que explicaría. Para el año que viene.
¡Ostras!, se acaba el mes y no tengo creadas las plantillas para el mes siguiente, arggg, a currar me va a tocar :/
La verdad es que ando muy perdido últimamente, muy ocupado y muy, pero que muy acalorado, como todos
supongo.
Lo más curioso es que estamos doblando prácticamente los lectores de La Implantación
(hasta que os aburráis, que a este paso será pronto) y cada vez el nivel de publicación e interés
es menor.
Aún hoy día me planteo si merece la pena dedicarle este tiempo a "ésto", aunque mejor
no me hagáis caso que estoy como ausente.
Que se pase el verano ya, fuera el calor, viva el fresquito!! y los resfriados con
sus moquitos aquosos, las naricitas rojitas y esas caras necesitadas de mimitos.
QUE VIVA EL FRÍO!!!, el frío relativo, tampoco es plan de que se nos congelen los miembros.
No tenía previsto poner nada más, hasta que me ha venido a la mente algo.
Canicas
La mente guarda celosamente recuerdos, ordenados a su antojo, y regularmente se mezclan
modernos con antiguos y acaban postrados en secciones de La Implantación.
Me ha venido a la mente, esas bolas pequeñas generalmente de vidrio, aunque también las
hay de madera, de metales diversos, incluso de barro o cualquier materia que tengamos a mano.
De pequeño, recuerdo haber jugado en el patio del colegio, cuando aún había partes de tierra,
en la que jugábamos a las canicas, y a un juego del que tengo unos vagos recuerdos, el gua.
El juego constaba de un pequeño agujero en el suelo, llamado gua, de jugadores y sus canicas.
Desde una distancia de unos pasos, que podían ser tres o cinco (lo digo al tuntún), el
primer jugador debía lanzar su bolindre y dejarlo lo más próximo al gua como fuera posible.
Un segundo jugador, de la misma manera debía lanzar su canica y aproximarla lo más
posible. También podía intentar alejar la bola de su contrincante (o contrincantes ya que podían ser varios).
Una vez conseguíamos introducir la canica en el agujero, era turno de chocarla con las restantes, con unas
reglas concretas.
Al sacar la bola del gua, debíamos adelantar la posición de tiro, una cuarta que se medía con
la mano, desde el dedo gordo al meñique y desde ahí impulsar la bola para que choque con otro bolindre.
Una vez conseguido el primer choque, había que hacer un segundo pero con la condición de
que la distancia de las bolas al impactar no quedara más lejos que una cuarta.
Si se conseguía, un tercer toque debía distanciar nuestra canica de la del contrario,
la medida de nuestro pie.
Finalmente tocaba introducir nuevamente nuestra bola en el gua, con lo que el contrario
queda eliminado y su canica pasa a nuestro poder.
Poco más o menos en eso consiste el jueguecito, al que nunca tuve mucha afición, ya que
mis canicas ya las compraba chulas y me jodía, ya por aquel entonces, tener que perder una partida
y que se quedaran una canica infinitamente más guapa que las normales de colorines de todo el mundo.
Aún hoy día conservo alguna canica, en especial una completamete negra y seguramente
alguna más que debe dormitar en alguna bolsa o caja olvidada.
Bona nit!
El temps
Temperatura: 25º Humitat relativa: 74% Xafogor: 33º
Escoltant:
Opus III - It's a fine day
Dijous, 30 de juny de 2005. 23:50h - 334
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