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Princep
Bona nit!
La historia de la desconocida, cada vez menos desconocida, prosigue y ayer justo llegaba
de fiesta, otra "mini-llamada" de algo más de 45 minutos.
No cuento ya los sms de a media juerga, ni que me ha despertado, nuevamente, cuando hacía la
siesta esta tarde, GRRGRRGRGRGRGRGR.
¿Qué le estará pasando a este mundo que me toca lidiar con todas las chicas de este tipo?.
Por cierto, antes de que me olvide, a Miguel, no te puedo facilitar el teléfono de la chica,
no tengo por costumbre dar información de ese calibre.
Respondiendo a una segunda pregunta, pues no hago nada especial, son cosas que suceden
y no sé, para saber la razón exacta por la cual se han medio obsesionado conmigo, habría que
preguntarle a la chiquilla, de la cual por ahora no tengo más noticias, aunque me temo
que cuando esté durmiendo allá a las 5 y media de la mañana y ella llegue a casa y no pueda dormir,
me sonará el móvil.
Soy consciente, por vuestros comentarios, que muchos os cambiaríais por mí, pero la verdad,
cada uno es como es y así debe ser.
La anciana y el gazpacho
Era temprano, muy temprano. Un agradable olor a pepino recién cortado inundaba la calle.
Alguien debe estar preparando un rico gazpacho -pensó un muchacho que pasaba por allí-.
No había dado dos pasos desde su pensamiento, cuando una anciana asomada a una ventana, le
llamó.
Joven -dijo la anciana-. El joven miraba a ambos lados de la calle.
Sí, usted, joven, ¿le gusta el gazpacho? -profirió la anciana-.
Errr... sí, me gusta -dijo él-.
Suba a casa, ande, dese prisa, no sea tímido, que acabo de preparar gazpacho para un regimiento
y está bien fresquito, recién sacado de la nevera -le espetó la señora-.
El joven estaba indeciso. Se lo pensó un segundo y se dijo a sí mismo: ¡que rayos!, vamos a degustar
ese delicioso gazpacho.
El muchacho entró en el portal, subío los trece peldaños que le separaban de la puerta
de su anfitriona y se dispuso a entrar.
Tome asiento, ahora le traigo el alimento -le dijo la vieja con un tono agradable-.
El chico se sentó algo nervioso, estaba en casa de una desconocida, pero ante tan
suculento manjar ningún humano podría resistirse.
La abuela, preparó con esmero la mesa, con su cuchara y su servilleta, además de un enorme
bol decorado con florecillas y se dispuso a portar el enorme recipiente con el gustoso líquido.
Muy lentamente con sus temblorosas manos, que hacían sufrir al jovenzuelo, la anciana
iba sirviendo cucharadas de gazpacho en el amplio bol.
Una vez lleno el recipiente, casi rebosante, la viejecita de ojos grandes y abiertos
miraba con ansia desde su cómodo sillón esa primera cucharada que el chico se estaba llevando a
su boca.
¿Está rico? -dijo la señora-.
¡Está de muerte abuela! -le salió de dentro al chico-.
La mujer esbozó una sonrisa, ladeó la cabeza y cerró lentamente los ojitos.
El chico terminó su gazpacho, dio las gracias, a pesar de que no estaba seguro
de que la señora le oyera y se marchó.
El joven nunca sabrá que la anciana había muerto haciendo lo que más le gustaba en esta
vida, preparar un muy agradable gazpacho ofreciéndoselo a un hambriento transeunte.
Escoltant:
Dave McCullen - Rave Heaven
Dissabte, 11 de juny de 2005. 23:45h - 315 - 20º
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